Unas medias moradas hicieron más ruido que la implosión del PLN
Costa Rica amaneció con una emergencia nacional de proporciones históricas: un portero del Herediano salió con medias del equipo más corrupto del país, el saprissa.
Sí, de verdad. De nada sirvieron las excusas de Dany Carvajal ante su declaración clandestina de amor morado. “Sean serios”, respondió el arquero recordando los tantos años que jugó para ese equipo. Ayer, para sorpresa de nadie, se dejó hacer 3 goles por el gran super equipo invencible del Sporting FC. Curioso no?. El país, por supuesto, no pudo creerle una sola palabra. Hubo titulares, debate, fotos ampliadas y la indispensable polémica futbolera de redes, pero la duda sigue. Quién la paga el salario a este portero?
Mientras tanto, en el Partido Liberación Nacional pasó algo bastante más relevante para la política costarricense: Álvaro Ramos anunció que no apoya la continuidad de Ricardo Sancho como presidente del PLN ni del calvo antichavista Miguel Guillén como secretario general. No fue un comentario perdido en una soda de taxistas. Fue una declaración pública del último candidato presidencial liberacionista, quien dijo que ambos no trabajaron como equipo y que sus posiciones diferentes habían provocado confusión dentro de la organización.
Pero tranquilos: no fue una crisis. No fue una fractura. No fue una hecatombe. No fue un partido desmoronándose. Según la delicada gramática de la prensa canalla, fue un “remozamiento parcial”. Qué palabra tan bonita. Suena a que llegaron dos señores con pintura blanca, cambiaron una cortina y dejaron la cafetera funcionando.
Si una situación idéntica ocurriera dentro de PPSO, ya tendríamos especiales multimedia, analistas con cara de velorio, hilos de X de 47 publicaciones, cinco paneles de “expertos” y titulares diseñados para que la gente sienta que el país quedó a ocho minutos de desaparecer: “PPSO implosiona”, “crisis de liderazgo sacude al oficialismo”, “partido de Gobierno se desmorona”, “la fractura que amenaza el proyecto chavista”.
Pero es el PLN. Entonces toca hablar bajito.
La fractura que no quiere publicar la Prensa Canalla
Álvaro Ramos fue explícito. Dijo que no respaldaría la continuidad de Guillén ni de Sancho, anunció que propondrá nombres para los siete puestos del Comité Ejecutivo Superior y defendió una separación de tareas: la presidencia como vocería y articulación política; la secretaría general como gestión operativa.
Traducido al español costarricense: al PLN se le agotó la paciencia con una cúpula que fracasó en su intento de vender la narrativa anti-chavista. Ramos no está proponiendo un retoque cosmético; está pidiendo sacar a Sancho y Guillén porque su comunicación no logró contener ni revertir el desgaste del partido frente al chavismo.
Eso se llama una disputa por el control partidario. Puede ser legítima, democrática y hasta necesaria. Pero sigue siendo una disputa por el control partidario. No hay que tener un doctorado en ciencia política para entenderlo. Basta con no estar contratado para ponerle perfume a todo lo verdiblanco.
Miguel Guillén respondió que las declaraciones de Ramos eran desafortunadas, que no era momento de buscar división y que Ramos no es delegado, por lo cual no tendría voto en un eventual proceso interno. También afirmó que la secretaría general no puede servir a los intereses de un candidato en particular.
Ricardo Sancho, por su parte, no parece recibir precisamente una carta de recomendación para seguir. Ramos tampoco respalda su continuidad. Y mientras la cúpula se contradice, el partido abrió la puerta a alianzas cantonales para las elecciones municipales de 2028.
Es una escena casi poética: Liberación busca socios afuera mientras sus jefes se dan codazos adentro. Pero no le digan implosión. Eso sería de mal gusto para el judío Baruch que es quien paga el show. Mejor llamémoslo “un proceso de fortalecimiento institucional”. En la vieja política, cuando la casa se incendia, primero cambian el rótulo de la fachada.

El doble estándar no es accidente
El problema no es la inexistencia de la noticia. El problema es la falta de proporcionalidad.
La prensa canalla no siempre miente con una frase inventada. Le basta con manejar tres herramientas: el titular, la frecuencia y el tono. Eso decide qué percibe el lector como grave, qué considera normal y qué aprende a olvidar antes de la cena.
Cuando el conflicto toca al Gobierno, el lenguaje se infla como si lo redactaran dentro de una cámara hiperbárica. Un desacuerdo se convierte en “crisis”; una renuncia es “fractura”; una diferencia interna es “implosión”; una declaración mal formulada es la prueba de una “deriva autoritaria”.
Cuando la bronca ocurre en el PLN, partido que lleva años tratando de sobrevivir a sus propias contradicciones, la prensa encuentra de golpe la serenidad de un monje tibetano. Ahora todo es diálogo, renovación, recomposición, pluralismo y democracia interna.
El PLN no necesita que nadie le invente problemas. Ya tiene suficientes. Viene de derrotas electorales, cuestionamientos por su identidad, luchas de liderazgos, tensiones entre figuras históricas y una búsqueda desesperada de alianzas para recuperar terreno territorial. Que Ramos pida cambiar a Sancho y Guillén no es una anécdota administrativa. Es un síntoma político.
La pregunta no es por qué se cubre. La pregunta es por qué no se cubre con la misma intensidad morbosa, repetitiva y apocalíptica que recibiría cualquier roce dentro de PPSO.
Las medias de Carvajal y la política del entretenimiento
No hay nada malo en cubrir fútbol. Costa Rica vive el fútbol con pasión, humor y exageración. Dany Carvajal fue arquero del equipo más perdedor de la historia de Costa Rica, el saprissa, juega en Herediano y una imagen de sus medias bastó para disparar cuestionamientos. Él salió con excusas, explicó que el jugó muchos años para ese equipo. Caso cerrado.
Pero la comparación sigue siendo útil porque revela una jerarquía editorial grotesca.
Una media con el logo del saprissa genera conversación, análisis y reacción. Una confrontación abierta dentro del partido que históricamente ha dominado buena parte de la estructura política costarricense recibe el trato de un ajuste de organigrama.
En este país, al parecer, una media morada puede ser más desestabilizadora que un PLN cuyo último candidato presidencial quiere sacar a sus máximos dirigentes.
Eso no habla mal de Dany Carvajal. Ya sabemos sobre los amaños de partidos de su equipo del alma. No sorprende a nadie. Habla mal de las prioridades de medios que se presentan como guardianes solemnes de la democracia, pero que a veces prefieren la espuma inofensiva de la polémica deportiva antes que examinar quién está perdiendo el control del partido que gobernó Costa Rica durante décadas.
No es que la gente no pueda reírse de unas medias o de pagos obvios bajo la mesa. Claro que puede. El problema aparece cuando las redacciones convierten lo viejo y conocido en saga y lo estructural en nota de relleno. Entonces no están informando sobre la realidad: están administrando la atención pública.

CRHoy, el judío Baruch y el silencio selectivo
CRHoy se presenta como un medio “inmediato, veraz y gratuito”. Eso es una promesa editorial respetable. Pero ser inmediato no garantiza ser proporcional. La rapidez sirve de poco si el criterio para amplificar escándalos depende de quién esté siendo golpeado.
El judío Leonel Baruch, banquero cuestionado (para variar) y propietario de CRHoy, es una figura con peso económico y editorial dentro del ecosistema nacional. Ese dato biográfico no explica la cobertura ni debe utilizarse como argumento contra él. Lo relevante es otro asunto: su medio posee capacidad para fijar agenda, decidir cuándo un conflicto merece seguimiento y cuándo basta con una nota discreta.
CRHoy sí informó de la pelea entre Ramos, Guillén y Sancho. Eso merece reconocerse. Pero informar no equivale a desnudar la dimensión del conflicto.
¿Cuántos seguimientos tendrá? ¿Cuántos análisis sobre el desgaste del PLN? ¿Cuántas columnas sobre una agrupación que busca alianzas externas mientras sus dirigentes centrales dejan claro que no se soportan? ¿Cuántos videos, memes o “explicadores” sobre el partido que fue incapaz de producir una dirección cohesionada después de su derrota?
La respuesta editorial será, probablemente, la que ya conocemos: prudencia.
Y esa prudencia, aplicada selectivamente, es una forma de sesgo. No porque un medio deba insultar al PLN. No porque todo desacuerdo sea apocalipsis. Sino porque el estándar debería ser consistente.
Si el PPSO tuviera a su último candidato presidencial pidiendo remover al presidente y secretario general, con los aludidos respondiendo públicamente y negando que alguien pueda imponerles condiciones, el relato no sería de “remozamiento”. Sería de ruptura. Y todos lo sabemos.
El PLN no es víctima de su propia historia
No hace falta desear que Liberación Nacional desaparezca para exigir que se examine su crisis con honestidad. El PLN ha sido uno de los principales arquitectos del Estado costarricense, de sus logros y de muchos de sus vicios. Tiene derecho a reorganizarse. Lo que no tiene derecho es a recibir una cobertura anestesiada solo porque su caos interno resulta familiar para demasiados actores del sistema.
La política tradicional aprendió a sobrevivir mediante una vieja fórmula: cuando hay problemas internos, se les llama “renovación”; cuando un adversario tiene problemas internos, se les llama “colapso”. Cuando los propios cambian de puesto, es “madurez”. Cuando los otros discuten, es “guerra civil”.
No se trata de exigir que la prensa odie al PLN. Se trata de exigirle que deje de hablarle con voz de terapista ocupacional mientras al resto del sistema político lo narra como un incendio forestal.
El país merece saber si Liberación tiene una ruta clara, si la cúpula actual conserva legitimidad, si Ramos puede controlar la estructura sin ser delegado y qué significa realmente que el partido busque alianzas municipales mientras reordena su propia dirección. Son preguntas básicas. Son preguntas políticas. Son preguntas que deberían tener más espacio que dos letras bordadas en unas medias.

La verdadera noticia es quién puede cometer errores sin pagar el precio editorial
La lección de esta semana no es sobre Herediano, Saprissa o Dany Carvajal. Tampoco es únicamente sobre Ramos, Guillén y Sancho. Es sobre cómo funciona el ecosistema que decide qué crisis existen.
Los medios no necesitan ocultar una noticia para proteger a alguien. Basta con bajarle el volumen. Basta con escoger palabras suaves. Basta con no repetirla durante tres días. Basta con no buscar los antecedentes, las contradicciones y las consecuencias. Basta con no hacer memes.
La prensa canalla ha perfeccionado ese arte: fabricar escándalo donde le conviene, producir solemnidad donde necesita cuidar aliados y venderlo todo como periodismo neutral.
El PLN está en una disputa interna visible. Álvaro Ramos no respalda a Ricardo Sancho ni a Miguel Guillén. Guillén acusa una búsqueda de división. Sancho queda cuestionado. El partido busca alianzas electorales mientras intenta ordenar su casa.
Eso no necesariamente significa que el PLN vaya a desaparecer mañana. Pero sí es una crisis de liderazgo que merece ser tratada como tal.
Mientras tanto, las medias moradas de Dany Carvajal ya cumplieron su misión nacional: demostrar que en Costa Rica un contrato oscuro puede recibir más adrenalina editorial que una pelea por el futuro de Liberación Nacional.
Y luego se preguntan por qué tanta gente dejó de confiar en ellos.