Turismo en Costa Rica y la Ironía de los Turistas Xenofóbicos

Turistas que no soportan ver ticos

Últimamente me he topado con un fenómeno curioso –y bastante desagradable– leyendo reseñas en Google Maps y viendo entrevistas de la prensa canalla. Un puñado de europeos mal amansados se quejan de los precios en Costa Rica como si esto fuera el patio trasero de su casa. Y, peor todavía, algunos gringos sueltan perlas racistas porque los hoteles “all inclusive” están llenos de “locals”. Como si venir a Costa Rica fuera comprar un parque temático de bajo costo sin costarricenses incluidos.

La prensa canalla, fiel a su estilo, les da micrófono y caja de resonancia a estas minorías ruidosas, como si representaran al turismo mundial. No lo son. Son simplemente eso: una minoría ruidosa, acostumbrada a que el mundo se adapte a sus horribles prejuicios.


1. Hablemos de precios: comparen parejo o mejor no comparen

Primero lo primero: la queja clásica de “Costa Rica es carísima”. Sí, no somos el destino mochilero más barato del planeta. Pero si van a comparar, háganlo bien.

En Barcelona, el precio medio de un hotel decente de 4 estrellas ronda fácilmente los 200 a 260 euros por noche, dependiendo de la temporada. Si lo traducimos, estamos hablando de más de 220 dólares por noche y eso solo por el hotel, sin todo incluido ni playa tropical a la puerta. En Manuel Antonio, un hotel de 4 estrellas se mueve alrededor de los 200 a 270 dólares de promedio, con opciones más baratas desde poco más de 100 dólares y hostales desde 50–60 dólares la noche. O sea, estamos en una liga mucho menor de precios… pero jugando en otra cancha: bosque lluvioso, parque nacional, monos pasando por el balcón y playas que en Europa simplemente no existen, y muchos desean.

Si nos vamos al terreno de los “all inclusive”, en Italia o España un resort frente al mar con buena playa y comida decente se dispara fácilmente por encima de los 750–900 euros la noche por pareja en temporada media. En Guanacaste, un todo incluido de cadena grande arranca en rangos desde 180 dólares en adelante por noche por pareja, con opciones más caras de lujo, pero también con promociones y valores bastante competitivos para lo que ofrecen: playa Pacífico, atardeceres que parecen photoshop y traslados cortos desde el aeropuerto.

La diferencia es que aquí, en un mismo viaje, podés pasar de un volcán activo a una playa en cuestión de horas, sin cambiar de país, de idioma ni de moneda. Del Valle Central a Arenal, luego a Monteverde y de ahí directo a Guanacaste o al Pacífico Central. Todo en carro, sin trenes carísimos ni vuelos internos que duplican el presupuesto. El clima es amable casi todo el año, no tenés inviernos que te botan el viaje ni veranos de 40 grados que te dejan pegado al asfalto.

Entonces, que un turista llegue, corra al Automercado, vea un baguette a uno o dos euros y arme drama como si fuera una afrenta personal, es simplemente ridículo. En sus países pagan eso –o más– por un café aguado en una esquina cualquiera. Pero en Costa Rica esperan precios de país empobrecido, servicio de país nórdico y naturaleza intacta lista para la foto. Algo no cuadra.


2. El turismo no es un parque temático sin locales

Lo que más me llamó la atención leyendo reseñas de hoteles todo incluido en Costa Rica fueron esos comentarios de gringos ofendidos porque el hotel estaba “lleno de locals”. La frase lo dice todo. Es como ir al Super Bowl y quejarse de que hay demasiados gringos; ir a Río en carnaval y quejarse de que hay muchos brasileños; viajar a Japón y enojarse porque el tren va lleno de japoneses. ¿En qué cabeza?

Costa Rica es un país pequeño, pero con una clase media que, con esfuerzo, ahorra para darse el gusto de llevar a la familia a un all inclusive de vez en cuando. Es parte de nuestra cultura vacacionar en Guanacaste, Jacó, Manuel Antonio, Limón, incluso quedarnos en hoteles donde se mezclan turistas internacionales y ticos. Eso no le quita nada al “encanto” del lugar; al contrario, le da autenticidad.

Si lo que uno quiere al salir del país es encerrarse en una burbuja de “puros extranjeros como yo”, entonces lo que compra no es turismo, es un espejito de colonia. Y sí, es elitismo. Creer que, porque pagaste 500 dólares por un “stay” de fin de semana, tenés derecho a exigir un resort libre de gente local es profundamente racista, aunque lo maquillen con palabras bonitas sobre “experiencia internacional” o “ambiente exclusivo”.

Costa Rica no es una maqueta a la que se le puedan borrar los ticos para que ciertas sensibilidades delicadas no se sientan incómodas. Somos parte del paisaje humano, tanto como la playa, los volcanes y los bosques. Si ver familias ticas disfrutando de la piscina te molesta, el problema no es el hotel, sos vos.

Turismo en Costa Rica y la Ironía de los Turistas Xenofóbicos
Turismo en Costa Rica y la Ironía de los Turistas Xenofóbicos

3. La doble moral del bolsillo verde

Hay otro detalle que esos turistas “ofendidos” prefieren ignorar: el valor real de su moneda. El dólar lleva años bailando, golpeado por decisiones erráticas, guerras comerciales mal calculadas y tarifas que solo han logrado erosionar la confianza global. Cada sanción mal pensada y cada tarifa arbitraria del presidente naranja le ha puesto un clavo más al ataúd del prestigio económico de los Estados Unidos. El resultado: su billete verde compra menos mundo que antes.

Entonces sí, puede que hace diez años venir a Costa Rica “saliera regalado” para cierto segmento de gringos. Hoy no es así. El país también subió su costo de vida, invierte en infraestructura, en conservación, en servicios. Y el dólar ya no es la varita mágica que abre todas las puertas.

Algunos actúan como si William Walker hubiera ganado y fuéramos colonia yankee de tiempo completo. Spoiler: no ganó. Costa Rica no está obligada a subsidiar vacaciones ajenas ni a mantener precios “a lo que el gringo quiere pagar”. Aquí la gente trabaja duro, paga impuestos, y parte de esa plata se traduce en carreteras, parques nacionales, seguridad relativa y un modelo turístico que –con todos sus defectos– sigue siendo infinitamente más respetuoso con la naturaleza que el de muchos países que nos miran por encima del hombro.


4. Prensa canalla, foco en las minorías ruidosas

Otro capítulo lamentable es cómo cierta prensa adora amplificar estas quejas. Basta que dos turistas europeos se indignen en redes porque “en Costa Rica todo es caro” o que un par de gringos lloren porque hay demasiados ticos en el buffet, para que algunos medios les pongan micrófono como si representaran a miles.

En lugar de contextualizar –comparando precios con Barcelona, Roma o Miami– y explicar que Costa Rica compite en la liga de destinos de naturaleza premium, prefieren el drama barato: “Dos turistas franceses se quejan del país caro”, “Visitantes estadounidenses (con gorrita MAGA incluida) descontentos con hoteles llenos de locales”. Esa narrativa no solo es injusta con el país; también alimenta la idea de que el turismo debe servir primero al extranjero y después al nacional.

La realidad es que la mayoría de los turistas que vienen a Costa Rica se van encantados: hablan del trato amable, de lo seguro que se siente andar por ahí simplemente, de la facilidad para pasar de montaña a playa, de la biodiversidad y de la sensación de libertad al caminar por playas sin mega rascacielos pegados al mar. Esos testimonios no hacen tanto ruido porque no generan clics de indignación. Pero son la norma, no la excepción.


5. El valor real de Costa Rica como destino

Si uno se toma el tiempo de hacer una comparación seria, Costa Rica ofrece algo que muchos destinos europeos simplemente no pueden igualar:

  • Playas en dos océanos en un país donde cruzar de costa a costa no toma más de un día.

  • Volcanes activos y parques nacionales accesibles, con senderos, seguridad y guías preparados.

  • Un clima que permite viajar casi todo el año sin planear alrededor de inviernos extremos.

  • Un modelo de conservación que mantiene grandes áreas protegidas, aunque eso implique renunciar a desarrollos inmobiliarios gigantescos.

  • Una mezcla sana de turismo internacional y local, donde el tico también puede disfrutar de su propio país.

Todo eso tiene un costo. Y es lógico. Lo absurdo es exigir naturaleza de revista, servicios modernos, seguridad razonable y, además, precios de país que no invierte en nada de lo anterior.

¿Querés más barato? El mundo es grande. Hay destinos donde el alcohol es casi regalado, la corru… digamos, la “regulación ambiental” es flexible y los salarios son tan bajos que el turismo se sostiene a punta de explotación. Pero no vengás después a comparar esa realidad con la de Costa Rica como si fueran la misma liga.


6. Turismo responsable: bienvenidos los que vienen a sumar

Este no es un alegato contra el turista extranjero. Todo lo contrario. Costa Rica vive en buena parte del turismo y la mayoría de quienes nos visitan vienen con mente abierta, respeto y ganas de aprender. A esa gente se le recibe con los brazos abiertos, con la sonrisa de siempre, con café y gallo pinto.

El problema son los pocos que arrastran una mentalidad colonial disfrazada de “derecho del consumidor”:

  • Se quejan de los precios sin comparar con lo que pagan en sus países.

  • Se incomodan cuando el hotel está lleno de ticos.

  • Exigen que el país se acomode a sus prejuicios en lugar de adaptarse ellos al país que visitan.

A esos hay que decirles con claridad: Costa Rica no está en venta, está abierta. Son cosas distintas. Están invitados a disfrutar, no a decirnos como hacer las cosas.

Turistas Xenofóbicos
Turistas Xenofóbicos y Racistas en Costa Rica

7. Acuna’s Angle: mi postura

Desde Acuna’s Angle, mi posición es sencilla:

  • Que se discutan precios, sí. Pero con datos, contexto y comparaciones justas.

  • Que se señale cuando hay abusos o turismo mal gestionado, por supuesto. Nadie quiere que Costa Rica se convierta en parque temático para millonarios.

  • Pero tolerancia cero con las quejas veladamente racistas contra los “locals”. Eso no es crítica, es xenofobia disfrazada de reseña.

El turismo debe ser un encuentro entre culturas, no un escaparate donde unos se sientan espectadores VIP y otros extras de fondo. Si la idea de compartir piscina, buffet o barra con ticos te revuelve el estómago, quizá Costa Rica no es tu destino. Y está bien. Hay lugares donde podés encerrarte en tu burbuja y no ver a casi nadie del país. Aquí, por dicha, todavía no somos así.

Costa Rica tiene el derecho –y la obligación– de defender un modelo donde la gente local no sea invisible, donde la playa siga siendo de todos y donde el hotel todo incluido pueda estar lleno de ticos un fin de semana sin que nadie se crea con derecho a escandalizarse.

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