Terremotos, propaganda y doble vara entre Venezuela y Colombia
Un terremoto no pregunta por ideología antes de derrumbar una pared. No distingue entre izquierda, derecha, socialismo, capitalismo, gobiernos aliados o gobiernos enemigos de Washington. Un terremoto golpea edificios, carreteras, hospitales y viviendas según la intensidad del sismo, el terreno, la calidad de la construcción, las normas antisísmicas, el mantenimiento y, por supuesto, la respuesta de emergencia.
Pero ciertos medios occidentales sí hacen esa distinción.
Cuando Venezuela sufrió terremotos devastadores y varios complejos habitacionales colapsaron, una parte de la cobertura internacional corrió a instalar una explicación políticamente conveniente: los edificios caídos eran la metáfora perfecta del chavismo. No importaba que hicieran falta peritajes completos. No importaba que un sismo de gran magnitud destruya incluso estructuras construidas bajo gobiernos ideológicamente más aceptables para Washington. La narrativa ya estaba escrita: si ocurre en Venezuela, todo derrumbe debe ser culpa de Chávez, Maduro y el socialismo.Ahora Colombia enfrenta un terremoto de magnitud 7,4, con edificios colapsados, decenas de muertos y personas atrapadas bajo los escombros. La cobertura, correctamente, habla de la fuerza del sismo, evacuaciones, rescates, infraestructura vulnerable y daños materiales. No hay una campaña equivalente asegurando que cada edificio caído es una prueba definitiva contra Gustavo Petro o “la izquierda colombiana”.
Y ahí está la doble vara.

En Venezuela, el desastre se volvió propaganda
Hay una diferencia entre investigar responsabilidades estatales y usar muertos como munición ideológica. Investigar si hubo fallas de diseño, materiales defectuosos, corrupción contractual, ausencia de supervisión o construcción en zonas peligrosas es obligatorio. En Venezuela, como en cualquier país, los complejos públicos que se derrumbaron deben ser revisados con rigor técnico y transparencia.
Pero una cosa es investigar y otra muy distinta es declarar sentencia antes de tener los estudios.
Varios reportes reconocieron que los derrumbes podían estar relacionados con una mezcla de construcción deficiente, deterioro, suelo inestable y débil aplicación de normas. Eso no exonera a las autoridades venezolanas si se comprueban negligencias. Sin embargo, tampoco permite convertir cada edificio caído en “prueba” de que un modelo político causó el terremoto.
La extrema derecha no suele tener paciencia para esa diferencia. El análisis técnico les resulta aburrido porque no produce memes. Un informe geológico no genera tantos clics como una foto de escombros con el mensaje: “Miren lo que hizo el socialismo”.
Así funciona la propaganda simplista: toma una tragedia compleja, elimina el contexto y la transforma en una caricatura ideológica.
Colombia demuestra el problema
El terremoto colombiano muestra exactamente por qué la cobertura sobre Venezuela fue tan sospechosa. En Colombia también colapsaron edificios. También hubo muertos. También hubo infraestructura severamente dañada y rescates de emergencia. Las primeras noticias hablaron de la magnitud del terremoto, de las zonas afectadas y de las estructuras vulnerables.
Y esa es la manera razonable de cubrir un desastre en sus primeras horas.
Nadie serio puede saber, antes de una investigación estructural, por qué se desplomó cada edificio. Puede haber fallas de construcción, incumplimientos de códigos, falta de mantenimiento, corrupción municipal, malas decisiones urbanísticas o una combinación de factores. Pero atribuir automáticamente los colapsos a Petro, a la izquierda o a la política social colombiana sería una estupidez propagandística.
Exactamente la misma estupidez que se aplicó a Venezuela.
La pregunta incómoda es sencilla: ¿por qué en Colombia el derrumbe es primero un asunto de geología, ingeniería y emergencia; mientras que en Venezuela se convierte de inmediato en un sermón ideológico?
La respuesta no tiene nada de técnica. Tiene que ver con quién es aliado y quién es objetivo.
“Western media” no es neutral por defecto
Decir “medios occidentales” no significa que cada periodista, cada redacción o cada reportaje sea una operación de propaganda. Hay periodistas serios, investigaciones útiles y medios que han cubierto ambos desastres con matices. También es legítimo investigar a Venezuela y exigirle rendición de cuentas.reuters+1
El problema aparece cuando una parte influyente de la cobertura anglosajona trata a América Latina como un laboratorio moral.
Si un gobierno es hostil a Washington, antiimperialista o asociado con el chavismo, cualquier falla se presenta como evidencia de fracaso civilizatorio. Si un gobierno es aliado, ambiguo o simplemente menos útil como enemigo, los mismos hechos se describen con palabras más clínicas: “infraestructura vulnerable”, “edificios antiguos”, “falta de resiliencia” o “impacto del sismo”.
Las palabras importan.
-
Enemigo geopolítico: “el régimen dejó colapsar viviendas”.
-
País aliado o menos demonizado: “un poderoso terremoto provocó derrumbes”.
-
Gobierno incómodo: “la ideología destruyó edificios”.
-
Gobierno tolerable: “las estructuras no resistieron”.
El edificio puede ser igual de frágil. Las víctimas pueden sufrir lo mismo. Pero el titular cambia porque la función no es solo informar: es ordenar el mundo entre gobiernos que merecen comprensión y gobiernos que merecen castigo narrativo.

La ignorancia de la extrema derecha
La extrema derecha necesita respuestas fáciles porque vive de ellas. Un terremoto ocurre en Venezuela y ya tiene diagnóstico: socialismo. Un apagón ocurre en Cuba y ya tiene diagnóstico: comunismo. Una crisis económica aparece en un país bajo sanciones y bloqueos, y la causa única vuelve a ser la ideología del gobierno.
Es un modelo de análisis infantil.
Nunca hay lugar para bloqueos, sanciones, mercados internacionales, deuda, sabotaje, geografía, corrupción privada, capacidad institucional, herencias históricas, catástrofes naturales o decisiones de gobiernos locales. Todo se comprime en una frase de cuatro palabras: “eso es el socialismo”.
Eso no es pensamiento crítico. Es propaganda para gente que confunde un meme con un informe técnico.
Y lo peor es que este reflejo convierte las muertes reales en un accesorio político. Familias atrapadas bajo escombros dejan de ser personas que necesitan rescate, ayuda humanitaria y justicia. Se vuelven imágenes útiles para que algún comentarista de Miami, Madrid o Washington consiga aplausos al repetir que “el régimen colapsó”.
No les interesa el concreto. Les interesa el relato.
Peritajes antes que propaganda
La regla debería ser idéntica para Venezuela, Colombia, Ecuador, Turquía, Japón o Estados Unidos:
-
Investigar cada colapso con peritos independientes.
-
Determinar si la estructura cumplía normas antisísmicas.
-
Revisar calidad de materiales, permisos, mantenimiento y condición del suelo.
-
Identificar responsabilidades de constructoras, municipalidades y gobiernos.
-
Garantizar ayuda a las víctimas antes de convertir la tragedia en un debate ideológico.
-
Evitar sentencias políticas mientras aún hay personas bajo los escombros.
En Colombia, futuras investigaciones podrían encontrar responsabilidades en distintos niveles del Estado. Si ocurre, Petro y las autoridades correspondientes deberán responder. En Venezuela, las investigaciones también deben determinar si proyectos estatales tuvieron fallas previsibles y quién las permitió.
Pero el estándar no puede cambiar según la bandera.

La doble vara queda expuesta
La comparación entre Venezuela y Colombia deja una lección muy simple: muchos medios y voceros de extrema derecha no reaccionan de acuerdo con los hechos, sino de acuerdo con el país que les conviene atacar.
Cuando Venezuela sufre, aparece el discurso sobre el fracaso inevitable del chavismo. Cuando Colombia sufre, aparece una cobertura más humana y técnica sobre un desastre natural. No porque Colombia no deba rendir cuentas, sino porque Petro no ocupa el mismo lugar simbólico que Maduro en el imaginario propagandístico de Washington y sus repetidores regionales.
El terremoto no tiene ideología. Los edificios no votan. El concreto no se derrumba por ser socialista ni se mantiene en pie por ser capitalista.
Lo que sí tiene ideología es la decisión de usar cadáveres, ruinas y dolor humano para fabricar una narrativa de guerra política. Y esa es la verdadera porquería detrás de la doble vara.
Fuentes
-
Associated Press sobre construcción vulnerable y daños sísmicos en Venezuela
-
Reuters sobre posibles factores de derrumbe en Venezuela, incluidos suelo, supervisión y construcción
-
The New York Times sobre advertencias previas respecto a vivienda pública venezolana
-
NBC News y Associated Press sobre el terremoto de 7,4 en Colombia, los colapsos y la respuesta de emergencia
-
Fox News sobre derrumbes en Colombia durante el terremoto.