Fuera Ronald Gonzalez de Fedefutbol

Los arquitectos del fracaso de la Sele

Dedicado a Rónald González, Fernando “Bocha” Batista, Óscar Osés y a la Fedefútbol que convirtió una Selección Nacional en una oficina de excusas, derrotas administradas y mediocridad institucional.

Dos partidos. Dos derrotas. Siete goles recibidos. Un 3-0 regalado contra Curazao. Un 2-0 humillante ante Haití. Y Costa Rica, de nuevo, fuera de la Concacaf Nations League.

No hay manera elegante de decirlo.

La Sele hizo el ridículo.

Primero fue el derrumbe contra Curazao. Costa Rica ganaba 3-0, dominaba, parecía tener una noche tranquila y terminó perdiendo 4-3 ante Curazao. Después vino Haití, un rival al que la Sele debía enfrentar con hambre, rabia y dignidad. Pero no. Llegó un equipo apagado, sin reacción, sin fútbol y sin la más mínima señal de que en la Fedefútbol alguien entendió la magnitud del papelón anterior.

El resultado fue otro golpe en la cara de la afición.

Haití 2. Costa Rica 0.

Dos derrotas consecutivas. Cero puntos. Siete goles encajados. Eliminados de la competición. Y una dirigencia que todavía pretende hablar de proceso.

Esto ya no es un mal momento.

Esto es una estructura podrida.

Osael Maroto se ríe del país
Osael Maroto se ríe del país

La Sele no perdió, la Sele se descompuso

Perder en fútbol es parte del juego. Lo que no puede normalizarse es la manera.

Costa Rica no cayó ante Curazao por una jugada aislada, una expulsión absurda o una injusticia arbitral. Se cayó porque dejó escapar un 3-0. Porque en 45 minutos pasó de controlar el partido a convertirse en un equipo irreconocible. Porque recibió cuatro goles y terminó escuchando el “olé” de su propia gente.

Y después, en lugar de reaccionar, se fue a Haití a confirmar que aquello no había sido un accidente.

El “Bocha” Batista dijo que el segundo tiempo contra Curazao fue un accidente. Ahí está el problema. Cuando el técnico llama accidente a una debacle de cuatro goles, evita mirar la responsabilidad de frente.

Un accidente es un resbalón.

Un accidente es un rebote extraño.

Un accidente no es que un equipo se derrumbe táctica, mental y futbolísticamente durante un tiempo completo.

La derrota ante Haití terminó de destruir esa mentira.

Porque cuando una selección pierde dos partidos seguidos, recibe siete goles y queda fuera de la Nations League, ya no puede refugiarse en la palabra accidente. Eso se llama crisis. Eso se llama fracaso. Eso se llama no estar a la altura de la camiseta.

El Bocha no tiene presión porque la Fedefútbol no exige nada

Fernando Batista dijo que no siente presión.

Y claro que no siente presión.

¿Cómo va a sentirla si, después de entregar una ventaja de 3-0 y recibir cuatro goles de Curazao, Rónald González salió a blindarlo? ¿Cómo va a sentirla si la Fedefútbol decidió que despedirlo después de un papelón sería volver a la improvisación, pero mantenerlo sin respuestas se presenta como un proceso serio?

El Bocha no tiene presión porque la presión la absorbe la afición.

  • La siente el tico que se pone la camiseta.
  • La siente el que paga una entrada.
  • La siente el que organiza su domingo para ver a la Sele.
  • La siente el niño que todavía cree que Costa Rica puede competir.
  • La siente el país que ya está cansado de ver una selección sin identidad.

Batista no necesita tener redes sociales para enterarse de lo que está pasando. Basta con mirar el marcador. Basta con ver los siete goles recibidos en dos partidos. Basta con comprender que la Sele quedó fuera de la Nations League.

Pero no.

La respuesta fue hablar de confianza, de seguir trabajando, de construir y de creer en el proyecto.

¿Proyecto?

¿Cuál proyecto?

¿El proyecto de perder 3-4 después de ganar 3-0?

¿El proyecto de ir a Haití a perder 2-0 cuando el equipo necesitaba demostrar carácter?

¿El proyecto de quedar eliminado y luego venderle a la afición la idea de que cuestionar al técnico es una forma de impaciencia?

No hay proyecto cuando no hay fútbol. No hay proceso cuando no hay señales de mejora. No hay construcción cuando cada partido deja más ruinas que el anterior.

Rónald González, el arquitecto de la negación

Pero Batista es apenas el rostro visible de un fracaso que se cocina más arriba.

Rónald González es el director de Selecciones Nacionales. Su trabajo no consiste en aparecer después del incendio para explicar por qué todavía no hay que llamar a los bomberos. Su trabajo es evitar que el edificio arda, exigir respuestas y tomar decisiones cuando el rendimiento demuestra que el camino es equivocado.

Después de Curazao, González decidió sostener a Batista.

La justificación fue que despedirlo ahora sería volver a la improvisación. Es una frase que merece ser grabada en piedra, no por sabia, sino por obscena. Porque bajo esa lógica, cualquier fracaso puede protegerse con el nombre de proceso. Cualquier humillación puede maquillarse con la palabra paciencia. Cualquier técnico puede sobrevivir mientras la Federación inventa un relato que le permita no reconocer que se equivocó.

Y ahora la realidad respondió en Haití.

Costa Rica perdió 2-0.

Se quedó fuera de la Nations League.

El supuesto proceso dio dos derrotas, cero puntos, siete goles recibidos y una eliminación que debería avergonzar a cualquiera que tenga un cargo en esa Federación.

Rónald González no puede actuar como si fuera un espectador. Él recomendó sostener el cuerpo técnico. Él respaldó el proyecto. Él forma parte de la estructura que decidió que el desastre contra Curazao no merecía consecuencias inmediatas.

Entonces que no aparezca nadie a vendernos sorpresa.

Esto es exactamente lo que pasa cuando una dirigencia privilegia la defensa de sus decisiones por encima de la defensa de la Selección.

Otra vez la Saprisele

Y ahí está la maldición del fútbol costarricense.

Otra vez la Saprisele.

Otra vez una estructura que parece más preocupada por sostener sus círculos, sus lealtades y sus relaciones internas que por construir una selección nacional realmente competitiva. Otra vez el país viendo cómo la camiseta de Costa Rica queda atrapada en una lógica de club, de amigos, de rostros reciclados y de operadores que nunca pierden el puesto aunque pierdan todos los partidos.

La Saprisele no significa que Saprissa tenga la culpa de cada derrota. Eso sería una estupidez. Saprissa es un club grande, con una historia enorme y una afición que no tiene por qué cargar con los pecados de la Federación.

La Saprisele es otra cosa.

Es el nombre de una percepción que la propia estructura federativa alimentó. Es la sensación de que la Sele dejó de pertenecerle a Costa Rica y pasó a pertenecerle a un grupo de poder. Es la impresión de que las decisiones salen del mismo círculo, que los mismos nombres se reciclan y que la crítica externa se recibe como una amenaza contra una red de lealtades.

La Sele no puede ser una extensión de ninguna institución privada.

La Sele no puede ser el espacio donde se acomodan amistades.

La Sele no puede ser el refugio de dirigentes que sobreviven a cualquier fracaso porque se cubren entre ellos.

La Sele debería representar al país entero.

No a una tribu federativa.

Otro sapri ridículo - el gallinero ya no asusta a nadie
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Ronital Gonzalez y el cáncer enquistado

En esta historia también hay que hablar de Ronital Gonzalez y de quienes sostienen la estructura desde los escritorios, los pasillos y las reuniones donde se toman decisiones sin que nadie parezca pagar por ellas.

El problema no es una sola persona.

El problema es el cáncer enquistado en la Fedefútbol.

Un cáncer hecho de comodidad, amiguismo, mediocridad administrativa y terror a asumir responsabilidades. Una estructura que no se corrige porque los que deberían corregirla son los mismos que se benefician de que nada cambie.

Ellos hablan de continuidad.

La afición ve impunidad.

Ellos hablan de estabilidad.

La afición ve conformismo.

Ellos hablan de proceso.

La afición ve una Sele que se cae a pedazos.

¿Quién responde por siete goles en dos partidos?

¿Quién responde por quedar fuera de la Nations League?

¿Quién responde por un técnico que no siente presión?

¿Quién responde por una dirección de selecciones que, después de Curazao, decidió proteger al entrenador en lugar de exigir explicaciones y correctivos reales?

La respuesta no puede ser otra conferencia de prensa.

No puede ser otro comunicado tibio.

No puede ser otra promesa de evaluación interna donde los mismos responsables se califican a sí mismos y concluyen que necesitan más tiempo.

La Fedefútbol debe rendir cuentas ante la afición.

No cuando se le ocurra.

Ahora.

La afición no les debe paciencia

La paciencia no es infinita.

La afición no le debe paciencia a una Federación que acumula excusas. No le debe fidelidad ciega a un equipo que no responde en la cancha. No le debe silencio a dirigentes que quieren transformar cada reclamo legítimo en una muestra de negatividad.

La gente no está enojada porque perdió un partido.

La gente está enojada porque ve una tendencia.

Ve que la Sele pierde jerarquía.

Ve que se normalizan resultados que antes habrían provocado una crisis inmediata.

Ve que quienes toman las decisiones no sienten urgencia.

Ve que el técnico pide confianza, el director de selecciones pide tiempo y la Federación pide calma.

Mientras tanto, el país recibe goles.

Y eliminaciones.

Y vergüenzas.

Costa Rica no está fuera de la Nations League solo por lo que pasó contra Haití. Está fuera porque el derrumbe empezó antes y nadie quiso detenerlo. Está fuera porque la derrota ante Curazao fue tratada como un accidente, no como una alarma. Está fuera porque la Fedefútbol eligió proteger el relato antes que enfrentar la realidad.

Fuera Ronald Gonzalez de Fedefutbol
Fuera Ronald Gonzalez de Fedefutbol

Se acabó el cuento del proceso

Ya no hay margen para eufemismos.

No es un tropiezo.

No es una mala noche.

No es un accidente.

No es una crítica con mala intención.

No es falta de apoyo de la afición.

Es fracaso.

El fracaso de Fernando “Bocha” Batista en la cancha.

El fracaso de Rónald González en la dirección deportiva.

El fracaso de Óscar Osés y de una estructura federativa incapaz de limpiarse a sí misma.

El fracaso de una Fedefútbol que sigue creyendo que puede administrar la derrota con comunicados, discursos de paciencia y promesas de un futuro que nunca llega.

La Sele necesita una ruptura real con esa cultura de mediocridad. Necesita responsables que rindan cuentas. Necesita un proyecto que se vea en la cancha y no solo en PowerPoints, reuniones y declaraciones de prensa.

Porque Costa Rica no merece una Sele capturada por una federación que perdió la vergüenza.

Y porque, después de Curazao y Haití, ya no queda nada que maquillar.

La eliminación está ahí.

El ridículo está ahí.

El cáncer enquistado también.

La eliminación de la Nations League no puede esconderse detrás de la palabra “proceso”, ni reducirse a una mala racha que se arreglará con otra conferencia de prensa. Es la consecuencia de una Fedefútbol que protege puestos antes que resultados, de una dirección deportiva que normaliza lo intolerable y de una Sele atrapada en la misma lógica de compadrazgos y fracasos reciclados. No se trata solo de fútbol: es la misma cultura de blindaje, silencio institucional y responsables que nunca pagan el costo de sus decisiones que hemos denunciado en Operación Chiripa: El Día en que Costa Rica Agarró al Diablo y el Poder Judicial Intentó Quedar Bien. El problema nunca ha sido únicamente un técnico, una convocatoria o un partido. El problema es un sistema que se niega a cambiar mientras Costa Rica sigue pagando el precio, esta vez también en la cancha.