Laura vs. Laura El Duelo que la Prensa Canalla No Quiere Cubrir

Laura vs. Laura: El Duelo que la Prensa Canalla No Quiere Cubrir

Hay comparaciones que se hacen solas. Solo hay que tener el valor de escribirlas.

Costa Rica está a días de inaugurar a su segunda Presidente mujer en la historia, Laura Fernández Delgado, una figura que ganó las elecciones presidenciales de febrero de 2026 con más del 40% de los votos en primera vuelta, resultado que rebasó incluso las proyecciones más optimistas de su campaña. Mientras tanto, en algún despacho bien decorado de San José o en algún foro internacional donde todavía la invitan, la primera Presidente mujer del país, Laura Chinchilla Miranda, sigue intentando convencer al mundo de que su legado es respetable.

El mundo, con todo el respeto del caso, no está tan seguro.

El Contexto que Nadie Quiere Recordar

Cuando Chinchilla asumió en 2010, lo hizo con el viento en popa. Heredera política de Óscar Arias, primera mujer en la presidencia, con mayoría legislativa y una economía relativamente estable. Tenía todo para triunfar.

Cuatro años después, entregó el poder con un 11% de aprobación ciudadana. Once. El resultado más catastrófico registrado en encuestas modernas para cualquier mandatario costarricense. Para que quede claro el nivel de la hazaña: su propio partido, el Partido Liberación Nacional, la evaluó internamente como la peor Presidente desde que hay registros serios, una clasificación que, en el fondo, la coloca por debajo de figuras que ya ni se mencionan en las escuelas.

La pregunta obvia es: ¿cómo se llega a ese 11%? No se llega de golpe. Se construye con paciencia, escándalo por escándalo.

La Trocha, el Avión y el Arte de No Enterarse de Nada

El gobierno de Chinchilla fue un catálogo casi pedagógico de lo que no debe hacer un ejecutivo.

Empecemos por lo más pintoresco. En 2012, su propia administración denunció irregularidades masivas en la construcción de la trocha fronteriza con Nicaragua, la obra de infraestructura que iba a ser su legado y que terminó siendo el primer mega caso de corrupción en obra vial de la historia costarricense, con funcionarios del Conavi recibiendo dádivas y aprobando pagos ilegales a empresarios. Trece años después, en 2025, el juicio apenas comenzó. Pero Chinchilla, con notable elegancia, se reivindica: dice que ella fue quien denunció el caso. Lo cual es un poco como decir que el cocinero que dejó prender fuego la cocina merece premio porque llamó a los bomberos.

Luego vino el avión. En 2013, la Presidente realizó dos viajes internacionales en un jet privado prestado gratuitamente por un empresario colombiano llamado Gabriel Morales Fallón, que resultó tener vínculos documentados con el narcotraficante Luis Carlos Ramírez, alias “Chupeta”, uno de los capos colombianos más buscados de la época y ya extraditado a Estados Unidos. El ministro de Comunicación renunció. La Dirección de Inteligencia admitió fallos de seguridad. Y Chinchilla explicó que la habían “engañado”. La Presidente de una república, rodeada de escoltas y analistas de inteligencia, siendo engañada dos veces por el mismo señor cuestionado. Una proeza de desconocimiento selectivo que difícilmente tiene parangón en la región.

También hubo una denuncia penal formal contra Chinchilla y su ministro de Planificación, Roberto Gallardo, por los delitos de asociación ilícita, tráfico de influencias, estafa y peculado, relacionada con un pago de 6.5 millones de dólares a la empresa brasileña OAS por una concesión fallida de carretera a San Ramón donde, y esto es lo poético, “no movieron ni una piedra.”

Todo esto pasó en cuatro años. Imagínese lo que hubiesen logrado con ocho.

Figueres, los Hijos y las Alianzas que Nunca Se Nombran

Aquí el análisis político se vuelve más delicado, pero no menos real.

Chinchilla emergió políticamente como figura tutelar del Partido Liberación Nacional, el mismo partido donde también operó, con turbulencias propias, José María Figueres Olsen, expresidente con su propio expediente de escándalos vinculados a pagos millonarios de la empresa Alcatel durante su gestión. La familia política y los vínculos personales dentro del PLN conforman una red tan densa que a veces parece más un club privado que un partido político. Chinchilla llegó incluso a felicitar efusivamente la candidatura de Figueres en 2021, cerrando así un círculo de lealtades que el ciudadano promedio observa con una mezcla de resignación y fascinación antropológica.

Los hijos de Manuel Villalta llevan el apellido Chinchilla, lo cual dice todo lo que hace falta decir sobre los lazos afectivos y familiares que atraviesan las élites políticas costarricenses.

La OEA y el Golpe que Chinchilla Todavía No Digiere

Ahora bien, si hay algo que Chinchilla no perdonará nunca al gobierno de Rodrigo Chaves es que no le extendió la alfombra roja cuando ella aspiraba a posicionarse para la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos.

Chaves no la recomendó. Sin rodeos, sin diplomacia excesiva. La razón, en términos políticos claros, es que respaldar a una figura con el historial de cuestionamientos de Chinchilla hubiese sido exactamente el tipo de endorsement que el gobierno de la “Tercera República” no podía darse. Así que Chinchilla se quedó sin el puesto, y desde entonces ha convertido la crítica al gobierno de Chaves en algo muy cercano a un proyecto de vida.

Lo irónico es que Chinchilla, que pasó cuatro años siendo defendida por los mismos medios que hoy lloran sus visas revocadas, ahora comparte trinchera con ellos en la cruzada anti-Chaves. Un triángulo de intereses compartidos tan evidente que casi resulta entrañable.

Laura vs. Laura
Laura vs. Laura

Lo que Laura Fernández Representa

Laura Fernández llega a la presidencia en un contexto radicalmente distinto.

Ministra de la Presidencia y de Planificación durante el gobierno de Chaves, Fernández de 39 años construyó su credencial en el trabajo ejecutivo real, no en el networking de los salones del PLN. Llega al poder con un país que creció económicamente al 5%, con desempleo bajando del 13% a cerca del 7%, inflación negativa y pobreza reduciéndose al 15.5% en 2025, según el Estado de la Nación del Programa del Estado de la Nación. El mismo informe que señala los desafíos pendientes también reconoce que Costa Rica fue el país de mayor dinamismo dentro de la OCDE en el período 2024-2025.

Con 31 de 57 diputados en la Asamblea Legislativa y un discurso que combina continuidad económica con mano firme frente al crimen organizado, Fernández tiene todo para consolidar lo que Chaves comenzó. Y tiene algo que Chinchilla nunca tuvo: un mandato claro, dado libremente por una ciudadanía que vio cuatro años de gobierno funcionando y decidió que quería más de lo mismo.

El 58% de los costarricenses evaluó positivamente la gestión de Chaves según el Centro de Investigación y Estudios Políticos de la UCR. Un número que, en el contexto de la historia reciente del país, es casi un récord de satisfacción popular.

El Legado como Espejo

Comparar a las dos Lauras no es un ejercicio de crueldad política. Es simplemente honrar la historia.

Una llegó con todo a favor y entregó el poder con un 11% de aprobación, un escándalo de corrupción monumental en infraestructura, viajes en avión de narco y denuncias penales. La otra llega como heredera de un gobierno que transformó la narrativa política costarricense, ganó con mayoría histórica y tiene delante una ventana de oportunidad real para construir algo duradero.

La prensa que durante cuatro años atacó a Chaves con el mismo rigor con que antes protegió a Chinchilla ya tiene la respuesta sobre cuál de las dos Lauras le conviene más a sus dueños. El país, afortunadamente, ya aprendió a leer entre líneas.

Y eso, aunque les duela, no tiene vuelta atrás.


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