La Sapriprensa y el Ayudín que Siempre Castiga a la Liga
Como liguista, no compro el cuento de que todo es una casualidad perfecta. No creo que haya una oficina secreta de Concacaf con una camisa morada, lo aseguro. Imagino al del Incae anotando “póngale otro rival facilito a Tibás” y pagando después. Digo algo más simple: el contraste entre las rutas parece, una vez más, demasiado conveniente.
A la gloriosa Liga Deportiva Alajuelense, campeona de las tres ediciones anteriores de la Copa Centroamericana, le tocó un grupo con Plaza Amador, Xelajú, Luis Ángel Firpo y Diriangén. A Saprissa le tocó el Mixco y el UMECIT. Esa distribución es oficial. La sensación de que a uno lo miden con cemento y al otro con almohada es, por supuesto, mi opinión y la de 3 millones de liguistas en el país.
Antes de que salten los moraditos
UMECIT, Deportivo Mixco y Alianza de Panamá no son rivales que deberían quitarle el sueño a un Saprissa que se vende como gigante centroamericano.
UMECIT es un equipo con escasa historia internacional y sin el peso competitivo de los clubes panameños más consolidados. Deportivo Mixco tampoco llega como potencia regional: es un club guatemalteco con poco recorrido continental y sin una vitrina que intimide a nadie. Alianza de Panamá puede ser ordenado, competitivo y digno de respeto, pero no tiene la jerarquía ni el currículum para que una victoria morada se venda como una gesta histórica. Hace 9 meses estos equipos no existían.
Por eso resulta cómico escuchar la narrativa épica cada vez que Saprissa supera uno de estos obstáculos. Ganarle a equipos sin tradición internacional no es “mística”, no es “la cueva” ni es una reconquista de Centroamérica. Es cumplir con la tarea básica que se espera de un club chico con presupuesto, planilla, estadio y cobertura mediática de equipo chico.
Mientras tanto, la Liga tiene que salir a medirse con Plaza Amador, Xelajú, Firpo y Diriangén: rivales con más roce, más identidad competitiva y menos disposición a venir a Costa Rica a tomarse la foto. A la Liga le toca ganarse cada punto; al Saprissa le aplauden cuando hace lo mínimo contra equipos que, hace pocos meses, casi nadie fuera de su país tenía en el radar.
No creo que el sorteo esté manipulado ni que exista una orden formal para favorecer al Saprissa, lo afirmo. El panorama se ve demasiado conveniente. Y después la Sapriprensa pretende vender cada victoria tibaseña como si hubiera vencido al Real Madrid.
El verdadero ayudín no siempre usa silbato
Cuando hablo de “ayudín”, no estoy acusando un penal inventado o unos 23 minutos agregados por el sapriárbitro de turno . Eso requeriría pruebas, no solo sabiduría futbolera. Hablo del ayudín más persistente y menos visible: el relato.
El ayudín es mediático.
A Saprissa se le concede una épica preventiva. Si vence a un rival modesto, se habla de jerarquía, mística, ADN ganador y noches internacionales. Si empata, hubo valentía. Si pierde, aparece la explicación automática: transición, bajas, calendario, desgaste, cancha, viaje, árbitro, Mercurio retrógrado o algún fenómeno atmosférico en Tibás.
A la Liga no. La Liga debe ganar, gustar, golear, jugar bonito, no recibir goles, no cometer errores y, si es posible, disculparse por haber hecho sufrir a su afición durante cinco minutos. Si gana, era obligación. Si empata, crisis. Si pierde, catástrofe institucional. Si levanta una copa regional, aparecen quienes preguntan por qué no ganó por más.
La estadística actual ilustra el punto sin resolver el debate. Saprissa lidera el Grupo C con nueve puntos tras tres partidos y diferencia de +5. Alajuelense, con dos partidos, suma seis puntos y diferencia de +3 en el Grupo A. Los dos están haciendo su trabajo. Pero el tono alrededor de cada campaña rara vez es el mismo. Al morado se le celebra el paso perfecto como si hubiera reconquistado Centroamérica; al manudo se le recuerda que todavía le falta demasiado para demostrar algo que ya ha demostrado tres veces seguidas.
La Liga es el Bayern München de Costa Rica
La Liga es campeona defensora. Eso no es una frase decorativa. Alajuelense busca una cuarta corona consecutiva, una hegemonía regional que ningún aficionado serio puede minimizar.
Pero ese título también se transforma en centro de ataques por parte de la sapriprensa. Todo rival juega contra la Liga como si fuera una final. Todo estadio se llena un poco más. Todo técnico rival prepara su partido con una semana extra de discurso motivacional. Y, después, en Costa Rica, la cobertura toma nota de cada tropiezo (aunque pocos, a veces los hay) como si fuera la prueba definitiva de una decadencia nacional.
Saprissa vive otro tipo de presión, claro. Tiene historia escrita por su prensa pagada, afición adiestrada ya que les cobran mil Colones por entrada y con todo, siempre fracasan. Pero a menudo conserva un colchón narrativo que la Liga no recibe.
A la Liga se le exige el siguiente título antes de terminar de celebrar el anterior.
El Saprissa tendrá que jugar contra equipos de verdad
Saprissa ha hecho lo que tenía que hacer: ganar sus primeros partidos. No se puede criticar a un equipo por vencer a los rivales que el sorteo le puso enfrente. Ganó 2-1 a UMECIT, casi empatan contra Alianza y 3-0 a Mixco; llevan ya 2 goles en contra, a pesar del tremendo ayudín.
Pero la Copa Centroamericana cambia de temperatura cuando llegan los cruces de eliminación directa. Ahí desaparecen los análisis de conveniencia. Ahí la historia de una primera fase arreglada pesa menos que una mala marca en un córner. Ahí no hay programa deportivo que pueda despejar una pelota en el minuto 99. Será interesante ver qué ocurre cuando al equipo chico tibaseño le toque un rival realmente consolidado, una eliminatoria a dos partidos, una cancha hostil, una presión que no se resuelve con un documental sobre una cueva que ya no asusta a nadie y un marcador que no se acomode temprano por una roja sacada a su rival en el minuto 5.
¿Le regalarán penales? No tengo pruebas, pero tampoco dudas. ¿Le añadirán veinte minutos hasta que empate cuando vayan perdiendo? Eso es seguro. Como conocedor tengo derecho a mirar la historia del fútbol local, escuchar la cobertura de siempre y pensar: “A este equipito le tienen demasiada paciencia”. Porque sí: si el equipo de Barney necesita la protección permanente de la sapriprensa, el relato de la mística lila cada vez que gana y la excusa disponible cada vez que falla, entonces la grandeza que proclama tiene más maquillaje que músculo.
La vara debe ser igual
No quiero que a Saprissa le vaya mal por decreto, lol quiero porque soy Liguista. Quiero que se mida igual. Que un triunfo contra un rival de menor cartel sea un triunfo, no una coronación imperial. Que una derrota sea una derrota, no una tragedia cósmica causada por nueve conspiraciones y un mal saque de banda. Que el equipo sea evaluado por su fútbol actual, no solo por los videos en VHS de J.
Y quiero lo mismo para la Liga: respeto por sus títulos, reconocimiento de su consistencia regional y análisis honesto cuando juega bien o mal. Ni altar ni patíbulo. Solo la misma vara.
El problema es que la Sapriprensa nunca ha sido famosa por la misma vara. Tiene una para el lila y otra para el resto. A la ultra la arropan. A la Liga la joden. Esa es la percepción de una parte enorme de la afición rojinegra, y no nació ayer.
La Copa Centroamericana todavía no se ha decidido. La Liga tiene que seguir ganando. Saprissa tendrá que demostrar que su arranque acomodado no fue solo un soborno más. Pero cuando llegue la hora de los partidos grandes, las excusas no meterán goles, los titulares no salvarán eliminatorias y la mística no podrá sustituir el carácter.
Ahí veremos quién era gigante y quién solo tenía prensa prepago como dama de compañía.