Ronald Gonzalez debe quedar fuera de inmediato de las Selecciones de Costa Rica

10 razones por las que la Fedefútbol debe despedir a Ronald González de inmediato

Fernando “Bocha” Batista ya fue despedido. Pero la crisis de la Selección de Costa Rica no nació, no creció ni explotó solamente en el banquillo. También tuvo arquitectos en las oficinas de la Federación Costarricense de Fútbol.

Rónald González, director de Selecciones Nacionales, recomendó sostener a Batista después del papelón contra Curazao. Dos días después, tras otra derrota vergonzosa ante Haití, la propia Fedefútbol tuvo que despedir al técnico que González había defendido como parte de un supuesto “proceso”. Si la Federación quiere dejar de administrar fracasos y empezar a corregirlos, debe despedir a González de inmediato.

No se trata de convertirlo en el único culpable de un desastre acumulado durante años. Se trata de entender algo elemental: quien ocupa la Dirección de Selecciones no está para comentar la crisis desde una silla cómoda. Está para anticiparla, evitarla, tomar decisiones responsables y asumir consecuencias cuando sus decisiones fracasan.

1. Recomendó sostener a Batista cuando el fracaso ya era evidente

Después de perder 4-3 contra Curazao, tras desperdiciar una ventaja de 3-0 en casa, la Fedefútbol reunió de urgencia a su Comité Ejecutivo. Rónald González recomendó mantener a Fernando Batista porque despedirlo, según argumentó, significaba “volver a la improvisación”.

La realidad fue brutal: Batista siguió unos días más, Costa Rica perdió 2-0 contra Haití y la Federación terminó despidiéndolo de todos modos.

Entonces, ¿qué evitó González? Nada.

No evitó la improvisación. No evitó la derrota. No protegió el proceso. No defendió una decisión correcta. Únicamente retrasó una medida inevitable y permitió que la Selección llegara todavía más golpeada al siguiente partido.

El 26 de septiembre, González defendía la continuidad. El 28 de septiembre, la Fedefútbol despedía al técnico. Esa contradicción no es una anécdota. Es una demostración de incapacidad para leer una crisis deportiva elemental.

2. Su criterio quedó desautorizado en apenas 48 horas

Un director de selecciones no puede equivocarse en todo. Puede fallar una apuesta, porque el fútbol no da garantías. Pero cuando recomienda públicamente mantener a un entrenador y la propia Federación debe revertir esa decisión dos días después, su criterio queda seriamente cuestionado.

González sostuvo que remover a Batista era prematuro. Osael Maroto y el Comité Ejecutivo terminaron concluyendo lo contrario luego de la derrota ante Haití.

La pregunta es inevitable: si la recomendación del director deportivo era correcta el viernes, ¿por qué resultó tan insostenible el lunes? Y si era equivocada el viernes, ¿por qué debe continuar en el puesto quien la formuló?

La Fedefútbol no puede despedir al técnico y conservar intacta la estructura que lo eligió, lo protegió y defendió su continuidad cuando los resultados ya mostraban un deterioro alarmante.

3. Batista fue una de sus decisiones centrales

Rónald González llegó a la Dirección de Selecciones con una misión clara: participar en la reconstrucción integral del proyecto, definir el rumbo deportivo y encaminar la elección del entrenador de la Mayor después del fracaso de no clasificar al Mundial 2026.

No era un espectador. No era un comentarista de televisión. No estaba en la Federación para aparecer después de cada derrota a explicar que “hay que tener paciencia”.

González elaboró y presentó opciones para el banquillo. Viajó y participó en el proceso que llevó a Fernando Batista al puesto. Aunque el Comité Ejecutivo tomó la decisión formal, el director de selecciones tenía una responsabilidad directa en la recomendación, la evaluación y la defensa del proyecto deportivo.

Si Batista fracasó en seis partidos, sin victorias, con cinco derrotas, un empate y 19 goles recibidos, corresponde analizar quién lo llevó, con qué diagnóstico, bajo qué criterios y con qué evaluación previa de sus capacidades.espn.com+1

No basta con cortar al técnico cuando todo explota. También hay que revisar al funcionario que ayudó a colocarlo ahí.

No mas Saprironital Gonzalez
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4. Confundió planificación con inmovilismo

Tener un proceso no significa sostener un desastre por orgullo. La planificación no es una coartada para ignorar señales evidentes de colapso. Y la palabra “proceso” no puede utilizarse como un salvavidas retórico cada vez que una selección juega mal, pierde partidos y carece de respuesta.

Un proceso serio exige objetivos, indicadores, revisión constante y capacidad para corregir cuando los hechos demuestran que el rumbo es equivocado.

Batista acumuló derrotas contra Irán, Colombia, Inglaterra, Curazao y Haití. Solo consiguió un empate ante Jordania. Costa Rica recibió 19 goles en seis partidos y terminó sin una sola victoria.

Eso no era un proceso en construcción. Era un equipo sin respuestas, sin estabilidad, sin resultados y sin señales visibles de crecimiento.

Insistir en sostenerlo después del derrumbe ante Curazao no fue planificación. Fue negación.

5. El discurso contra la improvisación terminó produciendo una improvisación mayor

La ironía es imposible de ignorar.

González defendió a Batista para no “improvisar”. Pero, tras la derrota ante Haití, la Federación lo despidió y tuvo que nombrar a Bryan Ruiz como entrenador interino para cerrar los partidos de la fase de grupos.

Es decir: se mantuvo a un técnico en crisis para evitar un cambio apresurado, se perdió otro partido, se profundizó la crisis y, finalmente, se recurrió exactamente a una solución interina.

Eso no es estabilidad. Es una cadena de decisiones tardías.

Una dirigencia competente no espera a que la emergencia destruya cualquier margen de maniobra. Actúa antes de que la crisis obligue a improvisar. La Fedefútbol llegó tarde otra vez, y González fue parte fundamental de esa tardanza.

6. La Selección siguió cayendo mientras la dirigencia hablaba de “calma”

La derrota ante Curazao no fue una derrota cualquiera. Costa Rica ganaba 3-0 al descanso como local y terminó perdiendo 4-3. No fue mala suerte. Fue un colapso futbolístico, táctico y emocional de proporciones inaceptables.

Luego vino Haití: derrota 2-0, cero puntos en las primeras dos fechas de la Liga de Naciones y un panorama que comprometía la permanencia en la Liga A y la ruta hacia futuras competencias regionales.espndeportes.

Frente a ese escenario, la respuesta de la Dirección de Selecciones no podía ser una defensa automática del entrenador. La obligación era revisar si existía liderazgo, funcionamiento, disciplina táctica, respuesta del grupo y posibilidades reales de corregir.

La Selección no necesitaba frases de oficina. Necesitaba decisiones.

7. No ha demostrado que la estructura prometida esté dando resultados

González ha explicado que trabaja en una estructura integrada desde la categoría Sub-14 hasta la Sub-23, con procesos activos, visoreo de jugadores y coordinación entre áreas técnicas, médicas, físicas y logísticas.

Sobre el papel, eso puede sonar razonable. Costa Rica necesita una estructura permanente, no selecciones armadas a última hora, sin continuidad ni planificación. Pero una estructura no se mide por presentaciones ni por declaraciones. Se mide por resultados, metodología verificable, formación de talento, continuidad de entrenadores, transición de jugadores y competitividad internacional.

Hasta ahora, lo que la afición ve es una Selección Mayor sin rumbo, una crisis que se profundiza y decisiones que se contradicen entre sí.

Nadie exige milagros en nueve meses. Pero sí se puede exigir coherencia. Si la estructura existe, debe reflejarse en decisiones mejores que sostener a un técnico derrotado para despedirlo dos días más tarde.

Fuera Ronald Gonzalez de inmediato
Fuera Ronald Gonzalez de inmediato

8. La Fedefútbol necesita responsabilidades reales, no fusibles aislados

Despedir a Batista era necesario. Pero despedir únicamente al entrenador sería repetir el hábito más cómodo del fútbol costarricense: cortar al fusible visible y conservar intacto el aparato que toma las decisiones.

El técnico paga. El director deportivo se mantiene. El Comité Ejecutivo se protege. Y luego, cuando llega el siguiente fracaso, todos vuelven a hablar de “proceso”, “aprendizaje” y “paciencia”.

Ese ciclo tiene que terminar.

La Fedefútbol debe explicar quién evaluó a Batista, cuáles fueron las metas planteadas, qué informes deportivos se recibieron, qué criterios justificaban su continuidad después de Curazao y por qué esos criterios se derrumbaron 48 horas después.

La responsabilidad institucional no puede terminar en el último entrenador despedido.

9. La confianza no puede ser un cheque en blanco

Osael Maroto declaró que la confianza en Rónald González continuaba “al 100%”. Ese respaldo puede ser una decisión administrativa, pero no debería convertirse en inmunidad deportiva.

La confianza se gana con aciertos, transparencia y resultados. También se pierde cuando las decisiones fallan de forma evidente.

Nadie pide que un director de selecciones sea despedido después de una derrota. Pero aquí no hay una sola derrota. Hay una designación que fracasó rápidamente, una recomendación de continuidad que quedó demolida por los hechos y una crisis competitiva que volvió a exponer la fragilidad de la Selección.

Si González no responde políticamente por una decisión central de su gestión, ¿quién responde?

Ronald Gonzalez debe quedar fuera de inmediato de las Selecciones de Costa Rica
Ronald Gonzalez debe quedar fuera de inmediato de las Selecciones de Costa Rica

10. Costa Rica necesita una ruptura real, no otra administración del desastre

La no clasificación al Mundial 2026 ya había dejado al fútbol costarricense ante una obligación ineludible: revisar todo. No cambiar nombres por presión, sino transformar la manera en que se eligen técnicos, se forman jugadores, se evalúan procesos y se toman decisiones.

Pero la llegada de González no puede convertirse en otra etapa de promesas, discursos técnicos y protección interna mientras la Selección sigue perdiendo jerarquía en la cancha.

Costa Rica necesita un director de selecciones con autonomía, visión, exigencia profesional y capacidad de admitir un error antes de que se convierta en catástrofe. Necesita una persona capaz de construir procesos, sí, pero también de cortar a tiempo cuando un proceso no existe más que en una conferencia de prensa.

Rónald González tuvo una oportunidad para demostrar esa capacidad. Después de Curazao, eligió sostener a Batista. Después de Haití, la realidad lo desmintió.

No basta con despedir al técnico

Fernando Batista ya se fue. Bryan Ruiz asumió de manera interina. Pero la pregunta de fondo sigue intacta: ¿la Fedefútbol aprendió algo o solo volvió a reaccionar cuando el incendio ya consumió la casa?

Rónald González no puede seguir presentándose como el hombre que vino a terminar con la improvisación cuando su decisión más visible en esta crisis fue prolongar un fracaso que la propia Federación tuvo que reconocer dos días después.

La Fedefútbol debe despedirlo no por venganza, ni por populismo, ni para darle a la afición un nuevo nombre sobre el cual descargar la frustración. Debe hacerlo porque la Dirección de Selecciones exige responsabilidad, juicio y capacidad de decisión.

Y porque si quienes toman las malas decisiones nunca pagan el costo, la Selección seguirá cambiando entrenadores mientras el problema real continúa cómodamente instalado en las oficinas del Proyecto Gol.