El Jaguar No Cambia de Piel Por Presión Social

El Viejo Zorro No Pide Permiso

Llevo suficientes años en esto del marketing digital como para haber visto nacer y morir cinco tendencias, tres algoritmos y dos generaciones completas de “expertos” que hoy ni recuerdan lo que vendían. Se me puede llamar viejo zorro, jaguar, dinosaurio digital, lo que sea. Lo que no se me puede llamar es ingenuo. Y por eso, cuando llega alguien pidiéndome que aplauda treinta años de un partido que hundió este país en la mediocridad institucional disfrazada de estabilidad, mi respuesta es simple: no.

Apoyo a Chaves y su nuevo paradigma. Lo digo sin rodeos, sin pedir perdón, y sin necesidad de que ningún millennial con curso de sensibilización política me explique por qué debería sentirme culpable. Y en la misma frase, sin ninguna contradicción, sigo siendo profundamente pro derechos humanos. Esas dos cosas no se excluyen. El que crea que sí, probablemente nunca vivió lo suficiente bajo los gobiernos que arruinaron este país durante tres décadas.


Las Náuseas No Son Metáfora: Son Diagnóstico

Cuando digo que me dan náuseas las poses, no estoy siendo dramático para efectos retóricos. Es literal. Me da náuseas ver a la misma clase política reciclada del PLN hablando de “institucionalidad” cuando su propio partido protagonizó escándalos como el Caso Cochinilla, el Caso BCIE, la Caja de Pandora del ICE, y años de sospechas de dinero de dudoso origen financiando campañas presidenciales desde los años ochenta.

Me da náuseas la solemnidad hueca de discursos sobre transparencia, viniendo de una estructura política que construyó su poder sobre redes clientelares, sobre instituciones convertidas en botín burocrático, y sobre una retórica progresista que en la práctica dejó a Costa Rica con un aparato estatal gigantesco, ineficiente, y capturado por sus propias élites partidarias.

Treinta años. No cuatro. No ocho. Treinta años de alternancia cosmética entre el PLN y sus primos ideológicos, todos vendiendo la misma fórmula: más Estado, más burocracia, menos resultados, y una retórica de derechos humanos que muchas veces funcionaba como cortina de humo para no hablar de lo que realmente importaba: seguridad, empleo real, educación funcional, infraestructura que no se cae a pedazos cada temporada de lluvias.

El Viejo Zorro No Pide Permiso
El Viejo Zorro No Pide Permiso

Chaves No Es Perfecto. Pero Rompió Algo Que Necesitaba Romperse

No voy a fingir que Rodrigo Chaves es un santo. No lo es, y cualquiera que siga la política nacional sabe que enfrenta cuestionamientos serios, denuncias penales, un estilo confrontativo que a veces raya en lo temerario, y una relación con la prensa que ha sido, cuando menos, tensa.elpais+1

Pero aquí está la diferencia que los puristas de salón no quieren ver: Chaves rompió el paradigma. Llegó sin partido tradicional, sin la maquinaria clientelar de siempre, y logró desmontar treinta años de statu quo político en un solo cuatrienio. La economía costarricense, bajo su gestión, mostró crecimientos cercanos al 5% anual, una inflación de las más bajas entre los países de la OCDE, una caída de casi 30% en el tipo de cambio, y una reducción de la pobreza medida por ingresos del 23% al 15.2%.

¿Tiene sombras ese balance? Por supuesto. El desempleo bajó en parte por menor participación laboral femenina y juvenil, la inseguridad y los homicidios aumentaron significativamente, y persisten dudas legítimas sobre el origen de parte del flujo de divisas que fortaleció el colón. Un análisis serio no ignora eso. Pero tampoco ignora que, por primera vez en tres décadas, alguien llegó dispuesto a decirle en la cara a la vieja guardia política que su modelo agotado ya no representaba a la mayoría del país.


La Confrontación No Es Pecado, Es Diagnóstico Correcto

Se le critica a Chaves su estilo confrontativo, sus enfrentamientos con la prensa, sus roces con organismos internacionales como cuando calificó de “torpe” a una relatora de la ONU por cuestionar una investigación judicial contra una periodista. Ahí, siendo honesto, discrepo del estilo. No hace falta insultar a un relator de derechos humanos para defender la soberanía institucional del país. Ese tipo de salidas son innecesarias y le restan seriedad al mensaje de fondo.

Pero separar la forma del fondo es exactamente lo que un viejo zorro del marketing sabe hacer: no todo el discurso tiene que gustarme para reconocer que el diagnóstico de fondo —que el aparato estatal costarricense estaba capturado, hinchado e ineficiente— era correcto. Se puede estar de acuerdo con el desmontaje de un sistema podrido sin estar de acuerdo con cada frase que sale de la boca de quien lo desmonta.

Eso, quizás, es lo que más cuesta entender a las nuevas generaciones: se puede apoyar un proyecto político sin convertirse en fan incondicional del personaje. Se puede aplaudir el resultado macroeconómico sin aplaudir cada tuit.


Sí, Soy Pro Derechos Humanos. No, No Es Contradictorio

Aquí está el punto que más urge aclarar, porque es el que genera más ruido en redes: ser pro derechos humanos no significa automáticamente estar en contra de cualquier gobierno que no se alinee con la agenda progresista de moda.

Los derechos humanos no son propiedad exclusiva del PLN, del PAC, ni de ninguna ONG con oficina en San José. Los derechos humanos son universales, y eso incluye el derecho a la seguridad, el derecho al empleo, el derecho a servicios públicos que funcionen, el derecho a que tu pensión no dependa de estudios actuariales manipulados políticamente como ocurrió en la CCSS durante gobiernos anteriores del PLN.

Cuando denuncio la corrupción del PLN, no lo hago desde la derecha reaccionaria que quiere desmantelar derechos sociales. Lo hago desde la constatación de que ese mismo partido, mientras hablaba de justicia social, permitió el debilitamiento estructural de instituciones como la Caja Costarricense de Seguro Social, con maniobras que hipotecaron el futuro de millones de trabajadores.

Se puede exigir mano dura contra la inseguridad y al mismo tiempo exigir debido proceso. Se puede apoyar la reducción del aparato estatal y al mismo tiempo exigir que ningún periodista sea perseguido judicialmente por hacer su trabajo. Esas posiciones no son contradictorias. Son, de hecho, la definición de pensamiento crítico maduro: evaluar cada tema por sus propios méritos, no por la lealtad tribal a un bando.

Jaguar pro derchos humanos
Jaguar pro derchos humanos

Lo Que los Millennials y Centennials No Vivieron

Aquí es donde toca ser directo, sin suavizantes de redacción. Los que hoy me llaman “machista” o “retrógrado” por apoyar este cambio de paradigma, en su enorme mayoría, no vivieron los treinta años que precedieron a este momento. No vivieron:

  • Los apagones estructurales del ICE de los años noventa por mala planificación energética.

  • El vaciamiento sistemático de la CCSS documentado en investigaciones periodísticas y contralorías.

  • Las sospechas de financiamiento de campañas con dinero de origen dudoso que salpicaron a expresidentes del PLN.

  • La sensación generalizada, sostenida durante décadas, de que el poder político costarricense era un club cerrado que se repartía turnos entre sí mismo.

No los culpo por no haberlo vivido. Culpo la pereza intelectual de juzgar el presente sin conocer el pasado que lo explica. Es fácil hablar de “nuevas masculinidades” y “deconstrucción” cuando nunca tuviste que hacer fila cuatro horas en un EBAIS colapsado, o cuando nunca viste cómo instituciones completas se convertían en botín de partido tras partido, elección tras elección, mientras la clase política de siempre hablaba de “valores democráticos” desde sus fincas.

No me importa si no me entienden. No estoy pidiendo que me entiendan. Estoy pidiendo, como mínimo, que estudien la historia antes de etiquetarme.


El Jaguar No Cambia de Piel Por Presión Social
El Jaguar No Cambia de Piel Por Presión Social

El Jaguar No Cambia de Piel Por Presión Social

Llevo décadas construyendo estrategias, leyendo tendencias, anticipando ciclos. Ese oficio te enseña algo que las redes sociales no premian: la capacidad de sostener una posición matizada en un ecosistema que solo entiende blanco o negro.

Hoy el algoritmo social recompensa la indignación fácil, la etiqueta rápida, el “eres esto o eres aquello”. Yo no juego ese juego. Puedo apoyar un cambio de paradigma político que desmontó treinta años de un sistema agotado, y en la misma respiración, exigir que ese cambio respete los derechos humanos, la libertad de prensa y el debido proceso. Puedo criticar las salidas verbales de un presidente y aplaudir sus resultados macroeconómicos. Puedo ser catalogado de “viejo” por generaciones que aún no han vivido lo suficiente para tener memoria histórica propia, y seguir durmiendo tranquilo.

Esa es la ventaja de ser un viejo zorro: ya viste esta película. Sabes cómo termina cuando un país entero decide, elección tras elección, no cambiar nada de fondo. Y sabes también que romper el paradigma no significa renunciar a los principios. Significa, simplemente, dejar de fingir que treinta años de lo mismo eran sostenibles.

Si eso incomoda a quien nunca hizo esa fila, bienvenido sea el desacuerdo. Yo sigo aquí, con la misma piel, diciendo lo mismo que diría hace veinte años si me lo hubieran preguntado: la corrupción no se disfraza de progresismo, y la defensa de los derechos humanos no necesita disfrazarse de complacencia política. Las dos cosas, dichas con la voz que me ha costado treinta años de oficio construir, pueden convivir perfectamente en la misma frase.