Hay ciclos malos y hay proyectos fracasados. Lo del saprifracaso ya cruzó hace rato la línea de “bache” para instalarse en la categoría de derrumbe sostenido. Bancy, sí “bancyendo” cinco años en los que único que han levantado sons sospechas de la validez de sus títulos anteriores. Se ganaron en buena lid, o como no había VAR jugaron al viejo truco de pagarle al árbitro con antelación para el clásico ayudín que los caracteriza? 5 años de promesas recicladas, de “procesos” que nunca llegan a puerto y de una dirigencia que sigue vendiendo grandeza mientras la realidad huele a decadencia.
Lo más grotesco es el contraste con el relato mediático. Si la Liga empata un partido, al día siguiente ya hay mesas redondas hablando de “crisis”, “desastre”, “técnico en la cuerda floja”. Con el saprifraude, la misma prensa que se pone histérica con cualquier tropiezo rojinegro se vuelve zen: “transición”, “renovación”, “un proyecto a largo plazo”. Parece que la palabra “fracaso” estuviera prohibida cuando se trata del equipo lila. El doble rasero es tan evidente que ya ni siquiera hace falta ser liguista para verlo.
A esa cadena de tropiezos deportivos se suma una situación económica que muchos describen como una quiebra inminente disfrazada de reestructuración. Cada vez que se filtran números o se hablan de planillas, deudas y compromisos, el discurso oficial intenta maquillar todo bajo el eufemismo de “ajustes financieros”. En la cancha, el equipo se desangra; en los estados financieros, el club parece vivir conectando créditos, anticipos y salvavidas. Y aun así, en la narrativa oficial, todo es parte de un “plan maestro” que siempre se concretará el próximo torneo.
En paralelo, el director del INCAE –institución que se vende como cuna de liderazgo y gestión de excelencia– arranca su mandato con el pie izquierdo. Nombramientos cuestionados, decisiones apresuradas, señales de improvisación y un discurso que suena más a manual de autoayuda que a estrategia sólida. Es casi una metáfora perfecta: la escuela que debería enseñar cómo manejar organizaciones complejas arranca su propia temporada cometiendo los mismos errores de amateurismo que se ven en la dirigencia del equipo lila.
La relación entre ambos mundos no es casual. Hay un mismo ecosistema de élites, discursos y complicidades: dirigentes que circulan entre cargos deportivos, académicos y empresariales, medios que dependen de esos círculos para pauta y acceso, y una opinión publicada que prefiere no morder la mano que la alimenta. Por eso, cuando el proyecto de Tibás acumula fracasos, la palabra elegida nunca es “quiebra” ni “descalabro”, sino “reingeniería”, “nuevo ciclo”, “desafíos”. Y cuando el director del INCAE se estrena con errores gruesos, se habla de “curva de aprendizaje”, no de que empezó tropezando.

Mientras tanto, la afición morada lleva cinco años tragando excusas. La mística de las “saprifinales” se evaporó en cuanto llegó el VAR y empezaron a revisarse esos penalitos eternos al minuto 105, siempre en contextos “polemicos” que muchos llamaban de otra forma: ayudín. Sin ese colchón, el equipo quedó desnudo: ya no alcanza con relato, ya no alcanza con la camiseta. Lo que hay hoy es una institución que coquetea con la quiebra, un proyecto deportivo estancado y una élite directiva que sigue actuando como si nada.
Llamar a eso fracaso no es odio ni exageración; es simple honestidad. Si una escuela de negocios y un club con tanta historia quieren seguir siendo tomados en serio, no basta con cambiar discursos: tienen que aceptar que llevan años caminando en dirección contraria al éxito. Y que el primer paso para salir del hueco es dejar de negar que están, hasta el cuello, dentro de él.
Al final, tanta sapriprensa tenía que generar anticuerpos. Si durante años se maquilló cada tropiezo y se infló cada anécdota morada como si fuera epopeya, era cuestión de tiempo para que naciera un proyecto abiertamente anti sapriprensa. Un espacio donde se diga fracaso cuando hay fracaso, donde se hable de quiebra cuando los números huelen a quiebra y donde la camiseta no alcance para tapar la mediocridad. Si querés sumarte a ese contrapeso, la mejor forma de hacerlo es simple: leé, compartí y discutí esta columna. Porque mientras ellos venden relato, alguien tiene que contar la historia completa.